Formando alumnos inteligentes emocionalmente

 “Cualquiera puede
enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en
el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo
correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” 
Aristóteles
Ya lo decía Aristóteles antes de que la Educación Emocional tuviera nombre propio… ¡Qué difícil es controlarse cuando la rabia del enfado se apodera de uno mismo! Y sin embargo, a día de hoy vamos teniendo cada vez más recursos para afrontar esos momentos tan críticos y tan difíciles para ayudar a nuestros alumnos a manejar los sentimientos propios.
En el colegio María Nebrera queremos educar alumnos emocionalmente inteligentes:
  • Que sean capaces de prestar atención a lo que están sintiendo (autoconciencia), desarrollando la capacidad de que puedan reconocer sus estados de ánimo, emociones, sentimientos y las de los demás, mediante el trabajo de la empatía. Para ello tenemos rincones en cada aula dedicados especialmente al trabajo de las emociones y el reconocimiento facial y actitudinal de estas.
  • A partir del conocimiento propio de las emociones, pasamos a la capacidad de regularlas. La autorregulación ayuda a nuestros alumnos a que piensen en las consecuencias antes de actuar, permitiendo que sus emociones no les gobiernen. Y por ello son capaces de preguntarse: “¿Esto que voy a hacer es una buena idea?”, “Voy a pedir permiso a la teacher antes de hacer esto”, “Si necesito estar solito un rato para que se me pase el enfado, me aparto y me calmo” etc.

  • Este tipo de decisiones que van tomando les colma de felicitaciones ajenas y genera en nuestros niños una motivación para poder seguir actuando de dicha manera. Esta regulación genera a la par mejores relaciones sociales con los compañeros, lo que también les permite hablar entre ellos y entender cómo se sienten sus amigos en diferentes momentos. Estamos creando un ambiente de clase idóneo y maravilloso sin darnos cuenta.
  • A todo esto le sumamos que nuestros alumnos nunca están solos en este difícil proceso, siempre cuentan con todo el profesorado del centro como mediadores y apoyo, para poder facilitarles el camino a que expresen sus sentimientos en público, cómo hacerlo y adecuadamente.
  • Por último, y con el fin de lograr el éxito a largo plazo puesto que la vida emocional suele ser algo complejo, hay que conseguir ver más allá e identificar la verdadera fuente de los sentimientos. Nosotros por nuestra parte (alumnos con 3 añitos) cada vez que vemos a algún compañero con lágrimas en los ojos o ceño fruncido o gritando de alegría… iremos corriendo a preguntarle: “¿Qué te pasa?”, “¿Necesitas ayuda?”.

 

Está claro que mejorar la inteligencia emocional es
algo que requiere trabajo, pero que se consigue y… ¿Puede haber algo más
gratificante que ver cómo nuestros alumnos e hijos se preocupan por el resto?
Patricia Illanas.
Tutora de 1º de Infantil.

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