Los buenos hábitos se adquieren desde pequeños

Como padres y madres el mayor objetivo es ofrecerles lo mejor a los hijos e hijas y entre los diversos aspectos que la cuestión abarca, la alimentación juega un papel fundamental. Sin embargo, para muchas familias la hora de la comida se convierte en una aventura cuando nuestros pequeños se niegan a comer lo que precisamente más les beneficia a nivel de salud.

La educación también tiene en este ámbito un rol fundamental, y la hora del desayuno y de la comida se convierte en nuestro colegio en una oportunidad más donde podemos guiar y educar en salud a nuestros niños y niñas.

Aún recuerdo los primeros días de colegio donde algunos de nuestros nuevos alumnos/as se negaban a probar aquello conocido como verduras… o el potaje, tan tradicional en nuestra cultura como beneficioso para la salud y el crecimiento. Echando la vista atrás, aparece la sonrisa en mi rostro cuando pienso en todo lo que han aprendido sobre la aventura de probar cosas nuevas o lo que nos aporta cada alimento.

Los desayunos en el Colegio María Nebrera se presentan llenos de vitaminas ya que cada día de la semana se prueba una pieza de fruta diferente. De esta manera, nos aseguramos de que nuestros pequeños han cubierto una parte de la cantidad recomendada de consumo de fruta diario al mismo tiempo que todos adquieren el hábito de manera inconsciente de incluir fruta en su rutina de comidas y por supuesto, ¡del sabor tan bueno que tienen!

A la hora de la comida, compartimos comedor y somos como una gran familia en la que la calidad y el equilibrio están asegurados (y por supuesto, las necesidades de cada niño/a en lo referente a alergias o requerimientos especiales). El “no me gusta” ya no se escucha, ya que sabemos que antes de nada hay que probarlo todo y aquello que no nos gustaba se convierte en lo que nos aporta las vitaminas que necesitamos para ver como un lince o en la energía necesaria para correr con toda la potencia en los deportes que nos esperan por la tarde. Es fascinante comprobar que, cuando se le explica de manera comprensiva a un niño/a el porqué es importante tener un equilibrio en lo que comemos lo entienden y “dan pasos de gigante” al mismo tiempo que también es innegable la positiva influencia que ejerce el ejemplo de ver cómo otros compañeros/as y las propias ”teachers” prueban y comen de todo.

Y no sólo se trata de una educación para una alimentación saludable, sino también de adquirir hábitos fundamentales como la colaboración para poner la mesa, recoger nuestro plato y aprender a comer correctamente, sabiendo comportarnos adecuadamente cuando compartimos mesa con los demás mientras algunos se pelean con el filete de pechuga en sus inicios de aprender a comer con cuchillo y tenedor! Son los retos de la tierna infancia que bajo nuestra mirada atenta, nos enorgullece ver cómo afrontan paso a paso.

Edhel Moro
Tutora de 1º de Primaria y 3º de Infantil

 

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